Alcohol y
benzodiacepinas

Hacemos en este reporte un resumen de los resultados del estudio de Monras, Mondon y Jou (2008) sobre la personalidad diferencial en pacientes alcohólicos con o sin abuso de benzodiacepinas.

Su objetivo era hallar características de personalidad diferenciales mediante el Inventario del Temperamento y Carácter (TCI) (Cloninger, Przybeck, Svrakic y Wetzel, 1994). 1994) entre pacientes alcohólicos con o sin abuso de benzodiazepinas (BZD) para convertirlos en criterios de mal o buen pronóstico y poder usarlos como dianas psicoterapéuticas, llegando a las siguientes conclusiones:

Los pacientes alcohólicos y dependientes de BZD en comparación con los únicamente alcohólicos:
• Son más inseguros, ansiosos, evitadores y con una conducta muy voluble e influenciable por estímulos externos.
• Evitan más el daño y tienen un lugar de control más externo.
• Tienen menor capacidad para dirigir la conducta hacia metas escogidas voluntaria e individualmente.

En otro de sus estudios, Monrás et al. (2010) también detectaron que los alcohólicos con abuso de BZD tienen muy poca capacidad de introspección y no evalúan objetivamente sus propias habilidades, tendiendo a ofrecer una imagen socialmente favorable, pero no realista.

Siendo alcohol y benzodiacepinas ambos depresores del sistema nervioso central (SNC) y con unos efectos similares sobre él, nos planteamos la cuestión del porqué de su consumo conjunto hasta llegar a una doble dependencia. En un estudio de Divoll y  Greenblatt (1981) se observó que la coadministración de diazepam con o poco después de un típico cóctel social tiende a disminuir la tasa de absorción de aquel, pero sin influir en la integridad de su absorción o la tasa de eliminación. Esto podría ser una explicación de la conducta del adicto, sin aumentar los efectos no deseables del alcohol en la conducta, consigue mantener y prolongar los efectos ansiolíticos que en muchos casos es el principal motivo de consumo.

La presencia de dependencia alcohólica y abuso de sustancias es una situación muy común en los trastornos de ansiedad, valorándose las tasas de comorbilidad de un  37.6% en el trastorno de ansiedad generalizada (TAG) y 33% en el trastorno de personalidad. Lo que constituye un motivo claro de exclusión del tratamiento con benzodiacepinas por el riesgo de inducir conducta de abuso en el consumo del ansiolítico. Ayuso, J. L. (2008).

Estos resultados nos alertan del uso de las benzodiacepinas para tratar la abstinencia alcohólica, con el peligro de que esta indicación médica haya generado la dependencia a un nuevo fármaco y agrave el diagnóstico con los problemas que indicamos, aunque algunos autores hayan planteado su recomendación para mitigar los efectos del alcohol argumentando una menor toxicidad, al menos social, de las BZD respecto del alcohol (González Reimers y Santolaria, 2008).

Referencias:

  • Ayuso, J. L. (2008). ¿Está justificado el tratamiento prolongado con benzodiacepinas? Salud mental, 31(6), pp. 429-430.
  • Cloninger C. R., Przybeck T. R., Svrakic D. M. y Wetzel R. D. (1994). The Temperament and Character Inventory (TCI): A guide to its development and use. Washington: University Center for Psychobiology of Personality.
  • Divoll, M. y Greenblatt, D. J. (1981). Alcohol does not enhance diazepam absorption. Pharmacology, 22(4):263-268.
  • González Reimers, E. y Santolaria, F. (2008). Benzodiacepinas, alcohol y deterioro neuropsicológico Medicina Clínca, 130(18), pp. 696-697.
  • Monras, M., Mondon, S. y Jou, J., (2008). Características de personalidad en pacientes alcohólicos mediante el cuestionario Temperament and Character Inventory (TCI). Diferencias según la existencia de abuso de benzodiacepinas (BZD) y trastornos de la personalidad. Adicciones, 20(2), pp. 143-148.
  • Monras, M., Mondon, S. y Jou, J., (2010). Estrategias de afrontamiento en enfermos alcohólicos. Diferencias según el consumo de benzodiacepinas, los trastornos de la personalidad y el deterioro cognitivo. Adicciones, 22(3), pp. 191-198.

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